Los aforismos de Heráclito

olibana 7 Julio 2009 0

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Heráclito el oscuro, de Éfeso, era uno de los filósofos independientes anteriores a Sócrates; se dice que escribió un libro de aforismos que llevó hasta el templo de Artemisa para que los profanos no pudieran tener acceso a él.

Su estilo era oscuro y de forma aforística, como los oráculos. Se cree que por esta razón el vulgo no prestó interés a sus sentencias. Entre las más conocidas está la frase: “Todo Fluye”, o la célebre: “Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”. Pero ¿qué quería decir Heráclito realmente con sus aforismos?

Las distintas escuelas y pensadores le consideraron de diferentes maneras; para Aristóteles, Heráclito era un milesio, porque consideraba al fuego el elemento orginal y principio de la naturaleza; los estoicos fueron responsables de deformar el pensamiento de Heráclito, en tanto que Hipólito se considera una de las fuentes más fidedignas de este filósofo presocrático.

Los aforismos son pequeñas sentencias abstractas que detallan y matizan una idea. Pero los aforismos necesitan interpretación porque pueden resultar paradójicos; por eso se les relaciona con el lenguaje de los oráculos y con el método délfico “Conócete a ti mismo”. Pero Heráclito no tiene ningún vínculo con los pensadores anteriores a él, ni siquiera con sus contemporáneos, a quienes desprecia; y aunque tuvo poca o ninguna influencia sobre la filosofía posterior de Platón, actualmente se considera uno de los filósofos presocráticos de pensamiento más original.

La Estructura dialéctica. El Logos como fuego sol y rayo.

Logos: razón, discurso, historia; norma universal a partir de la cual todas las demás cosas discurren; a través de la cual se puede conocer el mundo, pero nunca directamente, pues “ama ocultarse”. El filósofo debe esforzarse en conocer el misterio de la vida. Antiguamente, en el sigglo VI a d E. al término Logos se le atribuían diferentes significados, entre ellos medida, proporción, principio, palabra y razón.

El Logos como Razón universal, en Heráclito es el sustrato unificador de la realidad. Heráclito hace referencia al Fuego “que se enciende y se apaga según medida”.

Como conocimiento, Logos se refiere a la razón necesaria para conocer el mundo y su razón de ser. Heráclito unifica sus métodos en el conocimiento del mundo y de sí mismo, comprobando las regularidades que existen en uno y en el otro.

El Logos tiene un sentido ético en Heráclito, cuando es la razón como guía de la conducta; con lo que parece hacer referencia a una Ley Universal. Pero aunque conceptualmente Heráclito separa los aspectos formales y los materiales no queda suficientemente claro, y su filosofía en este aspecto se muestra ambigua.

Para Heráclito el mundo se percibe a través de los sentidos; en particular la vista y el oído, considerados por Heráclito ventanas a través de las cuales el Logos se pone en contacto con el mundo. La percepción es el primer aspecto del conocimiento del universo, diferenciándola de la sensación individual y engañosa.

El aspecto material del Logos de Heráclito es el Fuego, que al igual que los pensadores milesios es un principio o arché de carácter divino. Logos es entonces, realidad eterna, más allá de las circunstancias y contingencias humanas; representa la Unidad de la que el hombre también participa y a la que está concectado.

La armonía, producto de los contrarios.

A diferencia de los pitagóricos, la armonía de Heráclito es el resultado del equilibrio dinámico de fuerzas opuestas. No es una armonía en reposo, sino que procede del equilibrio de dos fuerzas que describen movimientos opuestos. Su idea de la armonía fue criticada y malinterpretada por los filósofos posteriores, incluso Aristóteles, que no podían concebir la originalidad de la Teoría de los contrarios como esencia de la realidad, permitiendo que la oposición se resuelva en la unidad. Para explicarse, Heráclito nos deja el ejemplo del Arco y la lira: “Comprende cómo divergiendo coincide consigo mismo, acople de tensiones, como el arco y la lira”.

La teoría de los contrarios de Heráclito se ve como una contradicción en filósofos como Aristóteles, pues presenta la identidad de los contrarios, agrupados en:

  •  contrarios que son uno por estar en el mismo objeto: “el camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo”.
  • contrarios de distintos puntos de vista: “El mar, agua pura e impura; para los peces la más saludable, para los hombres, mortal”.
  • contrarios que son uno por su mutua convertibilidad: “una misma cosa en nosotros, lo vivo y lo muerto, lo despierto y lo dormido, lo joven y lo viejo; lo uno movido de su lugar es lo otro; y lo otro a su lugar devuelto, lo uno”.
  • contrarios que son uno porque ponen de relieve al otro: “la enfermedad hace grata la salud, el mal al bien, el hambre a la hartura, el trabajo al descanso”.



Mundo en Fuego vivo y eterno.

“Este orden del mundo, el mismo para todos, no lo hizo Dios ni hombre alguno; sino que fue siempre, es y será fuego siempre vivo, que se enciende y se apaga según medida”.

El mundo, el universo en general para Heráclito no ha sido creado, no es creación; tampoco perece. Para Heráclito no hay una conflagración o día del juicio final. De la transformación del fuego provienen los demás elementos; en las constantes transformaciones a través del fuego no hay pérdida de materia. El fuego obra conforme a la razón en un equilibrio dinámico en las transformaciones.

Las cosas están en continuo cambio, o guerra (“La Guerra es el padre del mundo”), que se realiza con medida, a través del fuego. Es el camino arriba y abajo, uno y el mismo, la transformación incesante de todas las cosas a través del logos-fuego. Según esta idea, el Fuego de Heráclito ya no sería solamente el arché o principio de los milesios, su primacía no procede de su cualidad de ser origen, sino de ser alma, movimiento, ley de transformación.

La teología del alma en Heráclito convierte el alma en Fuego, el alma sigue los mismos procesos de transformación que el elemento ígneo. Morirse es convertirse en agua, para Heráclito los placeres humedecen el alma, lo irracional se asocia a lo frío y la humedad. Heráclito no ve con buenos ojos los rituales báquicos, orgiásticos, pero tampoco los rituales pitagóricos de Orfeo, donde se realizan sacrificios para reparar muertes. Pero no queda claro en sus aforismos la idea de una posible inmortalidad del alma.

Heráclito esgrimía una ética aristocrática, pues descendía de la familia real de Éfeso. Despreciaba las ideas de igualdad y democracia, pero al mismo tiempo, denuncia la tiranía y afirma que el Logos está por encima de las leyes humanas. Pero en Heráclito destaca también su faceta pesimista, o así lo describe Platón en su diálogo Crátilo; un heraclitiano que llevaba tan lejos la doctrina del maestro que había terminado por refugiarse en el silencio.

A pesar de los innumerables estudios realizados y las continuas teorías filosóficas, los aforismos de Heráclito permanecen para muchos como misterios guardados por palabras de oráculo.

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