El mito de las constelaciones: La historia de Orión

mariagg2005 15 mayo 2010 0


u.bmpSe dice que un joven cazador llamado Orión recorría el bosque, con su fiel perro “Sirio” siguiéndole allá donde iba, cuando en la espesa sombra del bosque, se encontró con un grupo de las ninfas de Diana, las siete Pléyades, hijas de Atlas.

Estas bellas doncellas sólo necesitaban ser vistas para llegar a  amarlas apasionadamente y el corazón de Orión comenzó a arder mientras se aproximadba a ellas; pero ellas eran muy tímidas y cuando él se acercó para hablarles, se dieron la vuelta y huyeron.

Menos preocupado por la posibilidad de no volver a verlas nunca más que por no perderlas de vista, las persiguió con afán; las ninfas aumentaron de velocidad hasta que, una vez comenzaron a remitir sus fuerzas, solicitaron la ayuda de su patrona. Su oración fue oída e inmediatamente respondida pues Orión jadeando y cansado, llegó justo a tiempo para ver siete palomas blancas  alzando el vuelo hacia el cielo azul.

Allí una segunda transformación asaltó a las Pléyades que se vieron convertidas en una constelación compuesta de siete brillantes estrellas brilando así durante mucho tiempo; pero cuando Troya cayó en manos enemigas, todas palidecieron de pena, y una de ellas, más tímida e impresionable que las otras, se retiró para esconder su angustia de los ojos curiosos de los hombres.

Orión un joven voluble, se consoló pronto con tal desaparición, amando a Merope, hija de Enopión , rey de Quío, que consintió a su unión con la condición de que su futuro yerno se ganara a su prometida con algún acto heroico. Orión era todo menos un hombre paciente, por lo que aceptó un mal el retraso; en vez de casarse públicamente, decidió secuestrar a la novia; sin embargo, el plan se vio frustrado por la vigilancia de Enopión, siendo Orión castigado, con la pérdida no sólo de su novia, sino también de la vista.

Ciego, desamparado y solo, deambuló de acá para allá, esperando encontrar a alguien capaz de restaurar su vista. Finalmente llegó hasta la cueva de los cíclopes; uno de ellos se compadeció de él y lo condujo hasta el Sol, de cuya radiación tomó prestado un repuesto de luz.

Feliz de nuevo se dedicó a su deporte favorito, cazando desde la mañana al anochecer. Diana se lo encontró en el bosque y al compartir las mismas aficiones, pronto aprendió a amarle; pero este amor era contemplado con gran disgusto por parte de Apolo, de cuya penetrante mirada nada que ocurriera de día se escapaba; decidió poner fin al encaprichamiento de su hermana, convocándola a que viniera hasta él. Par evitar que sospechara, comenzó a hablar de arcos y , con el pretexto de poner a prueba sus habilidades como tiradora, le ordenó que disparara contra una pequeña mancha negra que se elevaba y caía lejos en el mar.

Diana asió su arco, lo cargó con una flecha  y lo disparó con tal fuerza y precisión que alcanzó su objetivo, viendo cómo se desvanecía bajo las olas, sin sospechar que la oscura cabeza de Orión, que se encontraba refrescándose con un baño en el mar, había sido su objetivo. Cuando se dio cuenta de su error, lloró su pérdida  con un torrente de lágrimas, jurando que nunca le olvidaría, tras lo cual lo condujo a él y a su fiel perro “Siro ” hacia el cielo, convirtiéndolos en constelaciones.

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